viernes, 8 de agosto de 2014

Doorman 19: Enemigos



-          Esto... ¿rodeamos mucho si de la que vais a donde sea que vayáis, me dejáis en casa? No estoy muy seguro de si habré apagado la luz del baño, o no...

-          Puedes despreocuparte. Cuando fui yo, estaba apagada - dijo un tipo a su derecha.

-          Ah, entonces me quedo mucho más tranquilo, dónde va a parar.

-          Me sorprende que aún conserves tu sentido del humor, dadas las circunstancias - esta vez fue otro tipo, a su izquierda.

-          No te creas, a mí me sorprende más. De todas maneras, ¿sabes? Igual que aparecisteis vosotros, pueden aparecer los otros y daros una buena tunda.

-          No me consta que nos hayan seguido y de su base no ha salido nadie, la verdad. Aunque quedaría muy de película, ¿no crees? No tardarán en enterarse, eso te lo concedo, que se lo curran bastante bien, pero de ahí a que nos den caza esta vez, ni de coña.

-          Yo lo que creo es que os habéis obsesionado todos un poco conmigo. No disparo rayos con las manos, ni vuelo, ni soy un fortachón...

-          ¡Chicos, he ganado la porra! ¿Os dije que el Pérez ese no le iba a contar nada o no? Querido Ramón, no me corresponde a mí decírtelo, pero deberías de ser capaz de hacer más cosas con tus poderes, además de abrir simples puertas. Por cierto, no sabes aún quién soy, ¿verdad? Bueno, mejor.

-          Pues no, con esa manía que tenéis de hacerlo todo con máscaras puestas... Tenía que ponerme yo una también, y empezar a hacer el payaso por ahí, tocándole los cojones a la gente porque sí. Macarrillas con un montón de armas. ¿Sabéis por qué hacéis todas estas cosas? Porque no folláis nada. Ese es vuestro problema.

-          Te recuerdo, cosa que ya te comenté antes, que sólo tenemos orden de no darte matarile, no de que tengamos que escuchar tus bobadas, graciosillo. A lo mejor es con lo que se ríen tus clientas en el centro comercial, gigoló de pacotilla, pero aquí más de uno estaría encantado de darte su opinión sobre lo divertido que eres. Lo que me llama la atención es que no te rompieran la cara Ruíz o Torres.

-          ¡No me jodas que los conoces! ¡Qué bueno! ¡Espera, no me lo digas! ¡Antes erais amigos y tuvisteis vuestras diferencias! ¡Alguien ofreció más pasta o alguien hizo algo que el resto no aprobaba! ¡Vamos, que he visto cientos de pelis de estas! ¿He acertado?

Casi no sintió el culatazo del fusil en la cabeza, pero cuando se despertó, tenía un buen chichón latiéndole con cierta alegría. Aunque no el mismo tipo de alegría que tenía el resto de acompañantes en la furgoneta, que no disimulaban en absoluto la gracia que les había hecho el haberle noqueado, incluso, con cierta facilidad.

-          Me sorprende que esto no te haya pasado más veces, en cuyo caso aún me sorprende más, porque hay que ser bastante tonto para no saber cuándo dejar de tocar las pelotas a gente con malas pulgas.

-          Eso, encima voy a tener que ir a desparasitarme luego... ¡Lo que me faltaba!

-          Bueno, ya está bien, creo que es suficiente. Estoy seguro de que sabes hasta dónde puedes tensar la cuerda, así que sé listo, aunque sea sólo lo que queda de viaje.

-          Vaaale, vaaale. Haya paz. Pero tienes que ponerte en mi lugar, esto es una auténtica mierda, todo el día a porrazos, si no te dan la vara unos, te la dan otros, gente espiándote a todas horas... Es un agobio, tío, en serio. Por cierto, hablando de todo un poco: ¿qué narices o quién era ese que partió en dos el autobús?

-          También te habrás fijado en las cadenas que hacen falta para sujetarlo, supongo. Pues es otro monstruito como tú, que a veces nos hace más fácil el trabajo, y otras es un incordio. Personalmente os aborrezco, pero sería un necio si no os reconociese cierta utilidad. De todas maneras, las armas de toda la vida funcionan perfectamente, cuando te cansas de tanta bobada superhumana.

-          Si te sirve de algo, no hace ni tres meses que tengo esto que se supone que tengo. O sea, es que si te cuento cómo lo descubrí, lo mismo te estás riendo media hora. Yo aquí soy una víctima, amigo. No pedí nada de esto... y maldita la hora en que apareció.

-          Pues no, no me sirve de nada. Y cállate un poco ya, haz el favor. Menuda nenaza llorica. Si no fuera por el empeño y la fijación que tienen contigo...

El resto del trayecto, que se adivinaba a alta velocidad, transcurrió en el más absoluto silencio, pareciendo aquella furgoneta un museo de cera, todos completamente quietos y sin decir ni una sola palabra. El único movimiento que hubo fue, de repente, un ventanuco que comunicaba con la cabina del vehículo, al abrirse. Eso, y la sensación de que estaban frenando poco a poco.

-          Señor, un control de la policía más adelante. ¿Procedimiento estándar?

-          Eso me temo. Je, pobre gente. No saben la que se les viene encima. Resulta extraño que hayan sido tan rápidos y aparentemente listos como para intentar cortarnos el paso, pero no van a estar a la altura. ¿Y sabes por qué, Ramón? Porque ellos preguntan primero; nosotros, disparamos. ¡Que alguien avise a los que vienen detrás, por favor!

-          Jefe, ¿les soltamos el chucho? – sonó por una emisora.

-          Bah, dejadlo amarrado. ¿No os apetece un poco de ejercicio?

-          Como quiera, jefe. Aquí estamos listos para lo que tercie.

-          Pues, como siempre, a mi señal.

Desde fuera, el sonido de un megáfono cubrió el silencio y el vehículo se detuvo por completo. En la parte delantera, la ventanilla se bajó.

-          ¡Control policial, detengan los vehículos! ¡Usted, documentación y papeles de la furgoneta, por favor!

-          Claro, agente, aquí tiene. Todo en regla, por supuesto. ¿Ha ocurrido algo para ese despliegue?

-          ¿Qué transportan ustedes y hacia dónde se dirigen? ¿Acaso no han visto la masacre en mitad de la autopista a unos cincuenta kilómetros de aquí?

-          Pues no, la verdad. Sí hemos pasado un accidente muy gordo, pero la ayuda ya estaba organizada y ya habían llamado a las autoridades y a la ambulancia, así que continuamos para no entorpecer. Lo que, por otra parte, y siendo un poco fríos, nos ha venido genial, porque tenemos una entrega muy, muy urgente que hacer antes del amanecer, y ya vamos bastante pillados de tiempo.

-          ¿Y de qué se trata, si se puede saber? ¿Puede usted bajarse del furgón y abrir la puerta trasera?

-          Por supuesto, agente. Ya sabe cómo va el tema de los hospitales de la capital, que no dan abasto. Pues no es ningún secreto que, a veces, tiran de empresas como la nuestra para transportar órganos para ser trasplantados. Son furgonetas grandes porque se requiere de espacio suficiente para meter las cámaras donde se mantengan en perfectas condiciones y sin peligro de contaminación ni golpes. Puede verlo usted mismo.

Justo en el momento en que el policía asomaba la cabeza, una onda voló a toda velocidad hacia fuera, igual que una voluta de humo, y lo petrificó. Literalmente

-          ¡Increíble, funciona! ¿Has visto? ¡Ja, ja, ja! ¡Es la hostia!

Al mismo tiempo que el que parecía estar al mando decía estas palabras, un proyectil salía despedido desde la otra furgoneta y se dirigía hacia los coches que bloqueaban la vía, haciéndolos volar por los aires en cuanto impactó en uno de ellos. La velocidad con la que sucedió todo provocó que el resto de policías que se encontraban tras ellos casi no tuviera tiempo para reaccionar, llevándose el golpe de parte de la explosión, aunque ninguno sufrió, aparentemente, heridas graves.

Aprovechando el hueco dejado por los coches y, en cuanto el conductor hubo vuelto a la furgoneta, pisaron el acelerador a fondo y atravesaron el retén como alma que lleva el diablo, sin causar ninguna baja.

-          Eh, ¿por quiénes nos tomas? ¡No somos tan crueles, ja, ja! Todo ha sido material, no ha habido bajas. Perfectamente limpio, como cabe esperar de un grupo bien entrenado. Aquí jugamos en primera división, Ramón, nada de aficionados.

-          Ya, claro, por eso montasteis la escabechina de antes. Porque sois excelentes personas, y en absoluto enfermos mentales.

-          Bueno, lo de antes… ¡mira, la culpa es tuya por decidir coger un autobús y largarte! ¿Mejor así?

-          Vamos, ese argumento es el más ruin que he podido escuchar jamás en la vida. ¿Pero tú te estás escuchando? De verdad, no sé quién os trata en el frenopático, pero que lo expulsen ya de la medicina, porque menudo fracaso. En serio, pegadme un tiro ya, por favor. ¡Madre mía, qué cantidad de pirados!

-          Ya te acostumbrarás, hombre, ya te acostumbrarás. Y anímate, que ya estamos llegando a la posición del cambio de vehículos. Podrás ir más relajado, sin tantas armas alrededor… Todo mucho más civil, ya sabes. ¡Ah, bueno, claro, que se me olvidaba! Seguramente nos esté esperando allí una persona que es muy posible que recuerdes. Como el señor Pérez, pero el de nuestro bando. ¿Qué te parece? ¿No te hace mucha ilusión? Seguro que sí.

-          En serio, tío… Luego dices que soy yo quien habla mucho pero, de verdad, me estás levantando un dolor de cabeza de la hostia. Esto es completamente ridículo, créeme.

Pasó aproximadamente media hora desde que terminó la conversación cuando, nuevamente, el ventanuco de la furgoneta volvió a abrirse. Igual que ya había pasado la última vez, el vehículo se estaba deteniendo.

-          Señor, hemos llegado al punto de extracción. La segunda furgoneta se dirige ya hacia el transporte aéreo para llevar al monstruo. ¿Alguna orden?

-          No, no, perfecto así. En cuanto nos vayamos nosotros, lleva este trasto al lugar acordado y deshazte de él. Que no quede ni una sola prueba, como siempre. En fin, Ramón, fin de la primera parte del trayecto. ¿Todo bien? Ya verás ahora qué sorpresa, hombre, no pongas esa cara de asco. Venga, bájate, que ya nos hemos detenido. Y no, no me preguntes qué pasaría si no te diera la gana bajar, que sé yo que se te está pasando por la cabeza. Ya somos mayorcitos todo, ¿no? ¡Abajo, campeón!

Fuera, aún a oscuras, pudo distinguir un par de coches normales, aparcados a pocos metros, con las luces apagadas. Tenía los ojos adaptados ya a la oscuridad, puesto que dentro de la furgoneta no había luces, así que no le costó tampoco distinguir un tercer vehículo más allá, que probablemente sirviera de escolta. En cualquier caso, por instinto, se dirigió a los dos primeros, a la vez que trataba de respirar algo de aire fresco. Sintió cómo la furgoneta se alejaba y quedaba todo en silencio. Al parecer, habían abandonado la autopista en algún momento y ahora se encontraban en una explanada, cerca de un caserón, y a cierta distancia de la carretera principal, lejos de posibles curiosos.

Como era inevitable, el silencio no se prolongó durante mucho tiempo. La puerta de uno de los coches se abrió y, mientras dos hombres armados se situaban cerca, un fulano se bajó del vehículo. Una vez fuera, abrió los brazos en un gesto amistoso y sonrió.

-          ¿Qué tal, mi querido Ramón? ¡Cuánto tiempo! Te acuerdas de mí, ¿verdad?

Como no podía ser de otra manera, y casi pareciendo que todo estaba milimétricamente calculado y orquestado, las nubes dejaron ver un pequeño fragmento de la luna, lo justo para que reflejara en la cara del nuevo personaje, ante lo que Ramón dio una muestra evidente de sorpresa y se quedó plantado en el sitio.

-          ¿Tú…?

12 comentarios:

  1. !No me digas que es él!
    MOLAAAAA
    Yo molo
    Tu molas
    El mola....

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    1. Nosotros molamos porque vosotros no moláis, y ellos molan mucho menos.

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  2. Esto se pone interesante.... seguro que quieren regalarle el pedazo boligrafo que te pasaba al ordenata todo lo que escribes.

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    1. Gatita... Si esto lo leyera mucha gente (los comentarios, en este caso) no te diría ni mú, pero siendo así, entre amigos, te tendría que decir que tienes más puntería que "Ojo de Halcón".
      Por cierto, ese boli, que lo tengo, es la hostia. Ahora bien, NO SÉ DÓNDE carajo lo tengo guardado...

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  3. Enemigos. Buen título.
    "La modestia no aplaca a un enemigo jamás, le hace, por contrario, más insolente. Y es mejor perder algo por la fuerza que por el temor a la fuerza".
    Ahí os lo dejo.
    Voy a hacer una tortilla de Doritos...

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    1. Muy buenas, ambas reflexiones.
      Y apetitosa, la tortilla. Siendo Doritos, habrán de ser tex-mex, imagino. Curioso sabor tendrá. O tendría, mejor dicho.

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    2. Efectivamente, Doritos tex-mex, en la tortilla clásica. Hay una versión mejorada, un upgrading, con Doritos chilli.

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    3. Mira, los Chilli esos me gustan mucho, aunque una bolsa grande me sientan fuertes. Pero tienen que darle un toque a la tortilla interesante.
      Tengo que engañarme para hacer una prueba... mientras escriba el 20. ¡El 20, madre mía!

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  4. El capítulo 20!!!!!!
    Esto va a ser casi como "El jilguero", el libro de más de 1200 páginas.
    Porfa date prisa. Queremos saber como sigue.
    Ah, un truco: para que los Doritos chilli no sienten fuertes hay que tomar de postre yogur con virutas de monedas de regaliz.

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    1. ¡Ah, joder, haber empezado por las monedas de regaliz! ¡Qué intriga tenía, pardiez!
      El capítulo 20 se hará esperar un poco, que quiero desconectar el cerebro un poco, lo que queda de vacaciones...

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  5. Estamos esperando desde el 11 de agosto...
    Menudas vacaciones que tiene el autor de Dorman, pardiez!!

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    1. Bueno, son vacaciones a medias. De todas maneras, la verdad es que ya me he puesto con el capítulo 20. Al menos he tecleado el título, que no es poco, dada mi apatía. Se ve que, hasta que no enfríe el tiempo, mi cerebro no funciona del todo bien.

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