martes, 18 de febrero de 2014

Doorman 16: Despedida


Ya le estaba cogiendo cierta maña a despertarse y reaccionar tras un desmayo que, frecuentemente, venía precedido de algún tipo de golpe, pero esta vez era un poco diferente. Y era diferente porque, por lo general, uno abre los ojos y, aunque esté atontado, comienza a distinguir siluetas. Como mínimo. Y no pasan más de unos segundos antes de que el atontamiento dé paso a imágenes nítidas.


Por eso Ramón se estaba preguntando seriamente qué carajo estaría pasando, ya que su cerebro le insistía en que él ya había dado la orden de que los ojos se abrieran, pero no recibía respuesta de los mismos, proyectando luz y colores por doquier, cosa que le llamó mucho más la atención que el hecho de que se sentía inusualmente rígido. Se sentía como… bueno, atado. De pies y de manos. De hecho, intentó mover la cabeza para tratar de averiguar qué rayos estaba sucediendo allí, pero descubrió, nada más, que también la tenía sujeta.


Volviendo al tema visual, ante él se extendía la más negra oscuridad sombría que recordaba desde la última vez que le había tocado dormir en una habitación sin ventanas, en una fiesta que había desembocado en una inmensa borrachera. Pero no sólo estaba muy oscuro, sino que sentía que, lo que fuera que estuviera a su alrededor (o quienes estuvieran a su alrededor), hacían clara la negrura.


Lo más fácil fue deducir que estaba tumbado; lo difícil, encima de qué o dónde, aunque para alivio de su pequeño y momentáneo agobio comprobó que, pese a todo, conservaba todos los miembros. A decir verdad, incluso antes de cerciorarse ya daba por hecho que no había sufrido ningún daño irreversible, pues no recordaba películas o series en las que eso hubiera sucedido de buenas a primeras, pero nunca estaba de más asegurarse.


En esas estaba cuando también se dio cuenta de que estaba desnudo o, más bien, notó la ausencia de la ropa. Sobre todo, cuando algo comenzó a reptar, o deslizarse, por su pecho. Intentó no gritar porque no les quería dar esa satisfacción a sus captores, aunque se lo estaban poniendo muy difícil.


Desechó la posibilidad de que fuera un ataque desde fuera de aquella base. Había que ser bastante fino para colarse allí, con toda la seguridad que tenían organizada. Por tanto, descartado eso, sólo quedaba la opción de ser un ataque desde dentro. Teniendo en cuenta las veces que les había tocado los cojones y las que se había librado de sus represalias, era cuestión de tiempo que se pusieran en serio para reclamar su venganza. Si a esto se le añadía que, en unas horas, iba a volver a casa, el puzle era fácil de completar. Así pues, se puso a discurrir mentalmente a toda velocidad y jugó sus cartas:


-          Bueno, bueno. Parece que al fin me habéis pillado. Muy bien, señores, muy bien. Enhorabuena, aunque ya tardabais. Seguro que al tipo del gimnasio que ahora debe estar con unos cuantos huesos rotos le hace una gracia tremenda, de hecho. Aguantáis mal las bromas, para estar tan bien entrenados (o eso dicen). Creí que…


-          … Lo que tú creas o no importa una puta mierda, payaso. Era sólo cuestión de tiempo que te cogiéramos. Provocar a alguien del equipo es provocar al equipo, así que la has pifiado. Y no te preocupes, que ni la sargento Torres ni el teniente Ruíz van a mancharse las manos con un mierda como tú. Ahora mismo están con el señor Pérez, para tener la coartada perfecta. Y tú, conmigo.


Dicho lo cual le lanzó un bofetón con la mano abierta que le hizo girar la cara. A pesar del calor que se le fue acumulando en el papo, se vino arriba, en vez de quejarse, y dijo:


-          ¿Sabes que tu voz me pone bastante? Eres la que la acompañaba ayer en el vestuario, ¿verdad? No sabía que tú y ella…


Inmediatamente, otro bofetón le llevó la cara a su posición anterior. Ramón sabía que lo mejor era callar la boca y aguantar el chaparrón, pero era superior a él: antes muerto que mudo.


-          Umm, ¡qué manos! ¡Qué tacto más suave!


-          ¡Cállate ya, cretino! – la voz de un tipo sonó muy cerca de Ramón, a la que rápidamente asoció las bofetadas, y se dio cuenta de su metedura de pata.


-          ¡Ups! Je, je, creí que este rollo bdsm iba a ser un “uno contra uno”. Una lástima, me había hecho ilusiones… Eso sí, mantengo lo de las manos, que conste. ¿Usas cremitas, o algo?


Un golpe en la boca del estómago impidió que, momentáneamente, siguiera calentando la situación. Y que le llegara aire para respirar, de hecho.


Consideraba importante aguantar el tipo, a pesar de que no estaba nada acostumbrado a este tipo de situaciones agresivas, pero lo había visto tantas veces en la televisión, que le salía como si fuese uno de los protagonistas de una película de espías. La diferencia, que a él le venía todo aquello bastante grande.


-          ¿Cómo? ¿Qué decías? Es que no te entendí, ja, ja.


Todo se detuvo hasta que se volvió a recuperar. Parecía que no tenían mucha prisa. O que disfrutaban dejando que volviera a estar a tope para seguir. Lo que estaba claro era que aquello tenía que pasar, no había por qué darle más vueltas.


Lo siguiente que sucedió, para sorpresa de Ramón, fue que notó cómo alguien volvía a acercarse a la altura de su cabeza. Y aprovechó para cerrar con fuerza los ojos, para prepararse a recibir la siguiente torta. Sin embargo, no le golpearon. Era la chica, que se había agachado.


-          Así que pensabas que, después de todo, aún habría una chica que hubiera podido caer a tus pies rendida como esas frágiles muñequitas de la televisión, ¿eh? ¿Acaso pensaste en la sargento Torres, por casualidad? ¿Una relación amor/odio? Pues sigue soñando, bastardo, porque lo más cariñoso que sacarás de aquí será esta calurosa despedida.


Dicho lo cual, le pasó la mano por la boca y la fue bajando lentamente por el cuello, el torso, la barriga… hasta llegar a la torre de control del aeropuerto, donde parecía que pasaría de largo pero, de repente, la cerró y atrapó todo lo que allí había, apretando con rabia y volviendo a decirle al oído:


-          Qué pena, ¿verdad? Podría haber sido un buen plan, ¿quién sabe? En cambio, chiquitín, lo único que te voy a poder ofrecer es…


Y nada más terminar de dejar esas palabras en el aire, la chica se apartó de golpe, tras haber soltado lo que se traía entre manos, y un montón de toallas volaron como kamikazes a su encuentro, golpeándole de arriba abajo, con una serie de golpes que parecían no cesar. Tanto, que ni siquiera se pudo permitir no quejarse o no chillar, aunque esto último fue complicado, puesto que lo último que había hecho la chica justo antes de apartarse, fue meterle un pañuelo en la boca, para amortiguar cualquier ruido.


Tras lo que pareció una eternidad, el ataque cesó de manera tan repentina como había empezado. Los golpes remitieron, pero el dolor era latente. Tanto, que ni siquiera se dio cuenta de que lo habían desatado de las manos. Hasta en aquello habían sido unos cabrones, puesto que tuvo que buscar la manera de soltarse la cuerda que le sujetaba la cabeza para poder incorporarse, y luego soltar las de los pies. Por suerte habían dejado todos los nudos a mano, aunque lo más seguro es que lo hubieran hecho a propósito, para prolongar un poco el severo castigo y, a la vez, saber que podría desatarse por sí mismo, sin tener que pedir ayuda.


Porque lo que estaba claro era que sabían que, aun pudiendo hacerlo, no se lo contaría a nadie. Y quedaría como un ojo por ojo en toda regla. Esta vez lo habían cazado.


Quedó tendido en la cama durante media hora, el tiempo que siguió sintiendo el cobarde ataque con las toallas, el viejo truco para no dejar marcas. Y pensó, para alejar el dolor, en si habría sido proporcional a todas sus pequeñas travesuras. Desechó la idea porque, aunque sí lo fuera, aquellos profesionales no habían jugado limpio, así que ya tendría tiempo para pensar en el contraataque.


Cuando recuperó el control, ordenó su mente como pudo y encontró una idea que no dudó en poner en marcha. Ya lo habían hecho antes, así que los matasanos que había en los laboratorios podrían darle brebajes mágicos como los que utilizaron para curarle en tiempo récord las heridas cuando lo llevaron a la base. Incluso podía pedirles un poco de droga extra, para momentos de necesidad. Además, después del incidente del gimnasio, estaba seguro de que no le pondrían muchas trabas, sabiendo que su dolor actual lo había causado la misma gente.


-          … Así que la manada de testosterona te hizo esto. Bien, la verdad es que no sé ni de qué me extraño, cuando esa gente campa a sus anchas por todas partes, como si todo esto les perteneciera. Siempre he dicho que son un arma de doble filo y que el señor Pérez debería de atarlos más en corto, pero nadie le hace caso a los médicos. Nosotros sólo reparamos, por así decirlo, para ellos.


-          Es que, tú fíjate, por no descubrirse a ellos mismos, esperaron a que el pobre hombre se montase en la máquina y se diera la gran torta, para no delatarse. Es de locos. Hay que estar muy mal de la cabeza. Lo increíble es que son una piña, van todos a una y se protegen entre sí. A decir verdad, esperaba que, aun siendo por un motivo tan desafortunado, empatizara usted conmigo y me diera algo, al estilo de las películas de espías, ya sabe… alguna cosilla para hacer pequeñas trampas, en la vida que me espera.


-          En verdad ve usted demasiadas películas, amigo. Eso no existe en la vida real. Aquí no hay científicos locos, sólo buenos profesionales que yo mismo he contratado. No confunda realidad y ficción. No obstante, si ve esta caja que tengo en mi escritorio, distinguirá varios botes de pastillas diferentes y unas etiquetas que yo no he puesto jamás, pero que juraría que describen las propiedades de lo que contienen. Por suerte, nadie ha reparado en ellas y ahí siguen, aún. Pero bueno, si me permite, debo atender en esa otra parte del laboratorio un asunto que dejé a medias y debo retomar de inmediato, así que si me disculpa…


La cara de estupefacción que se le quedó a Ramón fue digna de contemplar, pero rápidamente se recompuso, cogió la caja y se largó con viento fresco a su habitación, donde llegó con cierta precaución, por si aquellos bastardos no hubieran tenido suficiente para quedar a gusto. Aún faltaban unas horas para largarse, y tenía que permanecer alerta un poco más.


No fue hasta entrada ya la noche cuando se presentaron dos hombres uniformados que le indicaron que los acompañaran. Como no tenía equipaje, cogió una mochila que le habían dado y que ya había preparado hacía rato y los siguió.


Fueron directos hasta los ascensores, aunque no llegaron hasta la última planta, donde estaba el helipuerto. Un poco antes del final, se detuvieron y salieron a una estancia que no parecía muy amplia, pero que estaba llena de estanterías, repletas a su vez de cajas de diferentes tamaños. En una pequeña oficina al fondo estaba esperando el señor Pérez, junto a quien terminó siendo el jefe del almacén.


-          En fin, Ramón, parece que ha llegado la hora de que vuelvas a casa. Aquí tienes los maletines que te había mostrado y este dispositivo para localizarnos en caso de necesidad…


-          Un móvil.


-          Sí, bueno, un móvil, pero está capado, encriptado y no sé cuántas cosas más para que sea casi imposible de rastrear, al utilizarlo. Como te comenté, estarás la mayor parte del tiempo vigilado por tu seguridad, aunque seguramente no te des cuenta nunca de nuestra presencia. Y mejor, créeme, porque estaríamos expuestos y no serviría de nada. Además, lleva incorporado un gps mediante el cual sabremos en todo momento dónde te encuentras. Por lo demás, desearte suerte en tu reencuentro con tu vida. Recuerda que debes comportarte exactamente igual que antes de todo este follón. ¡Ah, y suerte con tus coartadas, estoy seguro de que ya se te habrán ocurrido un montón de historias para explicar dónde has estado y qué te ha pasado!


-          Pues no, la verdad… y, de hecho, sigo sin saber muy bien qué le ha ocurrido a mi vida, qué hice aquí y qué quieren ustedes de mí, pero paso olímpicamente de todo. Lo único que me apetece ahora es largarme de aquí.


-          Ya te irás enterando con el tiempo, te lo garantizo. De momento te espera un vehículo que saldrá a la civilización por carretera y que te llevará a casa. Estimo que la hora de llegada será hacia las tres de la madrugada, aproximadamente. Hoy es sábado, por si no lo sabías, así que mañana no tendrás que madrugar.


-          Bueno, pues valdrá, supongo. Como si mi opinión importase algo. Sería emocionante que todo esto terminase pronto. Un placer, señor Pérez, aunque espero no tener que coincidir muchas más veces por aquí con usted. No se lo tome a mal, pero estas cosas no son para gente como yo, me temo.

-          Je, je, qué bromista eres, Ramón. En el fondo sabes que me acabarás estando agradecido, antes o después. ¡Ya lo verás, en serio!


Y, tras meter las maletas y la mochila en el maletero del coche, se abrió un portón que no había visto al entrar, arrancaron y salieron a la noche, sin estrellas, por una carretera llena de curvas.

10 comentarios:

  1. Rollo bdsm....
    Buena
    Disposición
    a
    Ser
    Maltratado
    ¡Ese Doorman no es el mismo!

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    1. Es una situación tensa y poco frecuente. En realidad nadie sabe cómo va a reaccionar ante algo así. Es imposible, a no ser que ya lo haya experimentado muchas más veces.

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  2. Bdsm????
    Qué ye eso, ho?
    Tukopedia porfa

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    1. ¡Hostia, la Tukopedia!
      Buah, hecho. Mañana mismo me pongo a ello. La Tukopedia, ¡qué tiempos!

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  3. Menuda inspiración por un tukocomentario!!!!
    Entrada en la Tukopedia de la hooostia!!!!!!!!!!
    Podías habermela dedicado, coño^_^

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    1. En cierta manera lo he hecho, al menos en Facebook y en algún sitio más.
      Lo que pasa es que nunca se puede personalizar del todo a "Anónimo".
      Pero sí que mencioné el motivo de la entrada.

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    2. Bien sabes que debo permanecer en el anonimato ...
      O era envejecer en el economato ????
      Anyway thanks

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    3. ¡Aaahhh! Vale, vale, ya le sigo yo el juego, Señor Presidente. No se preocupe, Mr. Obam... Anónimo, que yo le guardo el secreto.

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  4. Venga a escribir toca, esperando el 17 ya!!!

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    1. Hace exactamente dos años (menos una semana) que escribí el capítulo "Precuela" y estoy alojado en el mismo sitio que entonces. No estaría mal ponerse a ello, no.

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